Al rayar el alba, nos lanzamos a la carretera rumbo a Alicante, con la firme intención de llegar a las 9:30, o a lo sumo a las 10:00 horas, antes que el sol pegue con furia en la costa alicantina. Pero no contábamos con que además de inaugurarse un tramo de la carretera, también estaban acondicionando otras, motivos ambos de cortes y desvíos en nuestra hoja de ruta.

Así y todo, con reveses y demoras a causas de las vueltas y venidas por circunvalaciones y para buscar alternativas al camino, hemos decidido disfrutar del paisaje, del límpido cielo y de las pequeñas montañas que se alineaban a los lados del camino.
Observándonos desde su muda vigía milenaria, algunos castillos vestigios de un pasado siempre presente.
Con tantas vueltas ya se iba secando las reservas de nuestro camello con cuatro ruedas, así que hemos tenido que parar a repostar en algún surtidor del camino.

Pero como todo llega, al fin la ciudad abría sus brazos y nos recibía bonita, imponente bañada por las aguas del Mediterráneo. Enfrente a su casa nos recibe Alberto Escolar Escolar, el pintor cuya exposición veremos en Elche en unos instantes.